Historia del Instituto

El Instituto de Aguilar y Eslava tiene su origen en el Antiguo Real Colegio de la Purísima Concepción de Cabra, que nacía en 1679 al cumplirse las disposiciones testamentarias de su fundador don Luis de Aguilar y Eslava.

Carlos II en 1685 le concedió la Real Cédula de Erección; en 1692 inició su actividad; en 1846 el Real Colegio quedó incorporado a la Universidad de Sevilla, y al año siguiente, en 1847 una Real Orden de S.M. la reina Isabel II lo transformaría definitivamente en Instituto de Segunda Enseñanza. De este modo, la ciudad de Cabra conseguiría tener uno de los primeros Institutos de España.

Con la mayoría de edad de Isabel II, en 1843, se abrió un nuevo período en la historia de España. La “década moderada” en el terreno educativo supuso la aprobación, en 1845, del Plan General de Estudios (llamado Plan Pidal por su artífice el ministro Pedro José Pidal), que regulaba la enseñanza secundaria y es considerado como el acta de nacimiento de los institutos de enseñanza secundaria, de los que derivan, tras una vida llena de cambios, azares y avatares, nuestros actuales institutos.

La enseñanza secundaria se dividirá en elemental y de ampliación. Y el nuevo Plan contemplaba una clasificación de los institutos en categorías y señala que en cada provincia habría al menos un instituto, ubicado preferentemente en la capital, si bien por circunstancias especiales se podría establecer en otro pueblo de la provincia.

Como pieza clave de esta reforma se crea, por decreto de 1846, la Dirección General de Instrucción Pública, que se encomienda al inspirador de todo el proyecto, el liberal Antonio Gil de Zárate.

Al año siguiente, el 24 de febrero de 1847 por una Real Orden de S.M. la reina Isabel II, estando aún vigente el Plan Pidal, llega la transformación del antiguo Real Colegio de Cabra en Instituto de Segunda Enseñanza.

Tal como refiere Gil de Zarate, en su conocido libro “DE LA INSTRUCCIÓN PÚBLICA EN ESPAÑA” (1952): el Instituto de Cabra sería en aquella época uno de los 4 locales (junto a Algeciras, Figueras y Osuna) frente a 34 situados en capitales provinciales y 11 agregados a las universidades…

Pero el Plan Pidal, que nació herido de muerte, pues no logró convencer ni a liberales ni a conservadores, establecerá, sin embargo, las bases para la primera definición del sistema educativo contemporáneo, la que se realiza con la promulgación de la Ley Moyano en 1857, que toma su nombre de Claudio Moyano Samaniego, Ministro de Fomento, artífice de la ley educativa más longeva de la historia española.

Los historiadores de la educación han estudiado bien este proceso y nos han dado cuenta de sus transformaciones. En 1857, como consecuencia de la ley Moyano al Instituto de Cabra se le faculta para otorgar títulos de Bachiller.

En 1877, el monarca Alfonso XII lo declararía Instituto de categoría Provincial, incorporándose al mismo los colegios de los pueblos limítrofes.

Tres personalidades se encuentran a finales del siglo XIX, volcadas en la defensa y mejora del Instituto-Colegio de Aguilar y Eslava: Juan Valera y Alcalá-Galiano durante su época de consejero de Instrucción Pública; Martín Belda y Mencía del Barrio, como ministro de Marina y gobernador del Banco de España; y Juan Ulloa y Valera, secretario general de Hacienda.

Ellos son exponentes de la tradicional vinculación de los antiguos e ilustres alumnos de este Instituto-Colegio y su compromiso personal por su mejora y defensa. A ellos como a tantos otros este centro escolar les debe que se haya convertido en una institución prestigiosa y centenaria.

A lo largo de su dilatada historia en sus aulas se han educado y formado numerosas generaciones de estudiantes. Alumnos y alumnas de los cuales muchos se convirtieron en personalidades relevantes de la vida social, cultural y política de España.

En el último tercio del siglo XIX el Instituto de Cabra, se consolidará como una institución solvente y de prestigio, de los 63 institutos entonces existentes en España (1873) sólo 25 tienen mayor número de alumnos.

El siglo XX se iniciaría con la creación del Ministerio de Instrucción Pública y BB.AA. y el titular de la nueva cartera, el Conde de Romanones, dispondrá el cambio de denominación de los institutos, de forma que pasaría a llamarse Instituto General y Técnico de Cabra. Posteriormente en 1921, a propuesta del reconocido catedrático Juan Carandell y Pericay y refrendado por su claustro, pasaría a denominarse, Instituto de Aguilar y Eslava.

Manuel González Meneses, Catedrático de Matemáticas, junto a Ángel Cruz Rueda, catedrático de Filosofía, y Juan Carandell y Pericay, Catedrático de Ciencias Naturales, protagonizarán buen parte de esta centuria. De esta etapa es la mayor proyección social y cultural de esta institución.

Así en 1922, se recibió la visita del del entonces Ministro Instrucción Pública Tomás Montejo y Rica quien afirmó que este Instituto era “uno de los primeros sino el primero de España”.

Años más tarde, la Apertura del curso 1932-33 fue especialmente importante porque se realizó con la presencia del Presidente de la II República Española, Niceto Alcalá-Zamora a quien acompañaban el Ministro Fernando de los Ríos y los rectores de la universidades de Andalucía.

Después de la guerra civil, el instituto recuperaría otra vez su vitalidad, en estos años llegaría a tener 7 secciones delegadas, 4 colegios libres adoptados y 3 colegios reconocidos, que lo convertían en principal centro de enseñanza del sur de Córdoba.

A partir de los años 60, las antiguas secciones delegadas se transformarán en nuevos institutos: Aguilar, Baena, Castro del Río, Fernán Núñez, Lucena, Priego, Puente Genil y Rute, lo que conllevará un descenso significativo de alumnos y el cierre definitivo de su internado (residencia escolar).

Como Instituto Nacional de Enseñanza Media, en el último tercio de siglo XX, pasó en los años 80 al ámbito educativo de la Comunidad Autónoma de Andalucía, donde actualmente se integra como Instituto de Educación Secundaria.

De esta forma se entiende que el Instituto Aguilar y Eslava posea una rica memoria y legado, no sólo por la trayectoria pedagógica o personal de quienes formaron parte de su comunidad educativa, sino por los fondos y recursos vinculados a su historia como institución docente.

Esta trayectoria como el patrimonio forman parte de su identidad organizativa, pedagógica y educativa, y, por tanto, contribuyen a forjar una parte de la historia de Andalucía. Por todo esto, tal como se publica el BOJA de 1 de marzo de 2018, la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía concedía al IES Aguilar y Eslava, el reconocimiento como INSTITUTO HISTÓRICO EDUCATIVO DE ANDALUCÍA (IHEA).

Este reconocimiento tiene, entre otros objetivos, concienciar al alumnado del importante papel que ha desempeñado la educación en la historia de Andalucía y, en especial, la escuela pública; facilitar la utilización de este legado como recurso didáctico; fomentar la realización de actividades de carácter científico y educativo o promover la investigación de la historia educativa del centro.

Los 17 centros andaluces reconocidos como IHEA formamos parte de la Red de Institutos Históricos de Andalucía, donde compartimos experiencias, recursos e iniciativas.